viernes, 29 de octubre de 2010

Érase una vez el Primer Día de Primavera

Y se hizo la noche aquel día, la espera se hizo cansancio con ansiedad quizá compartida de un atardecer infructuoso con previas incitaciones en buen comienzo de una cálida estación, sensaciones inhabituadas originarias de los juegos en el pasado que renacen en cada suspiro actual bastardo del olvido y la insinuación, me rodeas sugerente entre estas cuatro paredes que nos apresaría entre las nubes, una madrugada recelosa me extrañaba con sus noches compañeras de mi exiliada soledad, mis volteretas confinadas por la claridad en tu felicidad, ese día que se hizo noche fue uno de los más felices de esta tierra; con el alma remendada y el presente de mi lado, la mirada sesgada del destino se perdía junto a mis pecados escondidos con sonrisas y buenas costumbres, aparecían dulcemente sin hacerte daño; aprendí a tocarte, aunque en días grises empecé a buscarte. Tu mirada divagaba mi pasado haciéndolo brotar en mi boca a tu antojo, con un abrazo mis palabras se hacían dogmas en tus ojos, aquel día víspera a la primavera mi alma se vestía con las mas hermosas de las oraciones, ilusiones de niño con juguete nuevo, con los harapos zurcidos casi brillantes como el manantial al mirarme; el pasar de las horas se consumían en mis manos disipaban mi disimulada castidad; de pronto retorna el primer día de clases, tus jeans apretados, tu sonrisa que escaseaba producto de una recesión de felicidad, expropias mi atención de las clases, me erizaba la piel un poco tu dulzura, origen de mi indiferencia acostumbrada en días festivos. Tu silueta se imponía casi tanto como mi atención se fija en tu seriedad y las frívolas trivialidades, calidez compartida entre tu inocencia y mi vida en una tarde coloreada de ensueño.
Soy un vaivén en las escaleras, me quedo atrapado en un metro cuadrado sin brújula en alta mar preocupado por preparar el día feliz, momentos que acarrean consigo alucinaciones en la oscuridad, tu tan suave poco a poco te deslizas sumergiéndote cierras los ojos ahora eres tu la que me inventa una paz y te lo agradezco tanto que me dejo llevar… Perdido, acongojado, un inerte ilusionado.
Estrella fugaz, ¿que deseas?, te ofrezco lo que encierro en mis manos y retazos de corazón, dosel de terciopelo en un futuro compasivo, clemencia arrebatada por mis ignorados quejidos, me unto de esperanza que ni siquiera concibo, pero tus coqueterías en otoño me incitan conmoviendo mi desdeñado corazón, cuatro paredes no entienden pero esperan conocerte…
La noche caía como el velo ilusionado de una novia; confinando y desalentando poco a poco a mi acechadora e imperiosa soledad.
Despedazado el de ayer, redimido el de hoy me pierdo en la dulzura de tu voz, me envuelves, me proteges, arrancas mi soberbia que despoja su entrañable exposición, me enseñas los caminos y olvidas que ya no soy el mismo que tomó tus manos, me das una luz, me haces soñar; tu mirada y la mía perfecta conjugación en una poesía; ellos se dan cuenta y no paran de hablar están contentos nos ven bailar, mis cuidados denotan que todo es verdad. Lamento no tener un reino, lamento no ser un buen labrador, lamento no haber dicho más “te quiero”, lamento no haberte conocido hace una vida en esta cálida estación; lamento haber pedido perdón…Somos un mito, somos leyenda, somos un cuento de hadas que aún los niños quieren escuchar, somos historia, somos novela, el más bello argumento para la felicidad que todos quieren contemplar. El giro de tu rostro emite suspiros que no quieres cobijar y el silencio se impone no nos deja en paz. Hoy recuerdo que un día me hablaste en navidad, quiero correr abrazarte y mi soberbia resucita una vez más. 49 proscriptos, otras 4 paredes, 1 pizarra, 1 edicto; si hago números ya es mucho tiempo. Hay un juego en tus cabellos…

martes, 1 de junio de 2010

Profético

Algún día las calles despertaran de su letargo obligado de la suciedad y brillarán de pulcras como aquel manantial que yacerá hecho un espejo por su reflejo y podrás verte sin marcas en el rostro ni heridas en el corazón, los niños jugarán sonrientes entre matorrales soberbios por su color uniforme, los niños jugaran con fuego y jamás se quemarán, los niños jugarán en serio y bajo las copas sus cansancio se consumirá.
Los hombres irán jugando a su trabajo entre rondas y odas hacia Dios, agradecidos por la quincena y fin de mes, gotas de sudor de sus frentes serán cegados por esa fe que los ha convertido en los pilares de sus casas y la paz que yace en cada una de ellas.
Las niñas vestirán a sus muñecas con pétalos de rosas y flores de colores por que abundarán muchas más que ahora; los floristas obsequiarán millones de ramos de rosas a cualquier mozuelo como si fuera 14 como si ellos mismos estuviesen enamorados, y las niñas se alegrarán tanto que el día se hará fiesta.
Volverás los días en que los colores del semáforo hagan sonreír a los conductores, y un poco sea su descanso, volverán los días en que dos hombres sepan perdonarse si se ofenden, si se han hecho daño…
Puedo ver sin tener que ser profeta, que todo volverá a ser como antes, los periodistas dirán la verdad y no venderá su espacio al mejor postor que anhela ser autoridad pública, volverán los días en que compartiremos un vestido si tenemos dos. Volverán los días en que lucharemos por nuestros sueños sin tener que quejarnos.
Las madres acariciarán sus vientres esperando el final de los benditos nueve meses y prepararán novedosas canciones de cuna para el regocijo del que viene, del que envía Dios. Cocinarán deliciosos manjares y cada cena será tan jubilosa como la semana santa, como pascuas y como la misma noche buena.
Volverán los días en que la voz de los prudentes será la voz de Dios, Volverán los días en que todos disfrutemos del mar como lo hacen los peces, las sirenas y el triángulo de las bermudas.
Puedo ver que las armas desaparecerán ante los rostros de sus creadores y ellos se echaran sollozantes por su talento mal gastado y los compradores se deleitarán en fuego y azufre de rodillas ante su creador… Nadie podrá evitarlo.
Volverán los días en que despertaremos con unos amables dulces rayitos de sol nos echen en cara un nuevo día, y felices despertaremos vivos fulgurosos de danzar sobre nuestro éxito, andaremos entre calles, entre flores, entre niños que crecen y no se quejan, y al final del día una taza de café nos justificará el esfuerzo, el periódico nos mantendrá contentos, y la noche tenderá su velo y no será jamás oscura por que siempre habrá estrellas en el cielo.
Puedo ver que estoy en una ronda que da la vuelta al mundo y están todos mis amigos, todos entonamos una canción, ya saciados por la vida, ya contentos por la muerte, si es tan normal, si es tan formal, sabemos que alguien nos espera para poder descansar. En la distancia bendecido por una mente te puedo ver y te digo hasta cuando tendría que esperar para empezar, para cortejarte como lo mereces, ¿hasta cuando? con piedras preciosas, cuentos de hadas, deseos de niño y una rosa ilusionada, ¿hasta cuando señorita?, ¿hasta cuando?, tal vez un día cualquiera que tomes mi mano y acompañes mi caminar por esas calles que hoy día me hacen sentir que vuelvo a ser feliz, pues vuelvo donde me crié con mis hermanos. Tal vez un día en que la irá se calme y se torne espesa como la selva ensangrentada y llorosa, todo será grato el día en que como peruanos sepamos cuidarnos y dejemos este lugar tan pagano, tan mundano.

sábado, 1 de mayo de 2010

A mi madre con amor...

Tu pintaste mi vida con pinceles de amor
me inculcaste valores que me acercan a Dios
me perdía en los juegos mientras pensaba en tí
me limpiabas la frente con caricias sin fin
Una fuente de luz, el fin de mi caminar
aire necesario para volar a soñar

Eres la flor más linda de este valle de amor
tu me diste la vida, ¿que te puedo dar yo?
tu eres aquel angel que me llevó hacia el sol
tu amor es sincero no pide nada a cambio
No déjes de luchar me dijiste al partir,
que todo en la vida podemos compartir
Dime que puedo hacer para hacerte feliz
tomaré la guitarra cantaré esta canción
pintaré el cielo para que puedas llegar
yo le pido Dios no te deje de cuidar.


15 de marzo de 1998

sábado, 3 de abril de 2010

Escribe que yo te dicto: No me valla a aolvidar

Déjame escribir sobre ti antes de que el brillo se pose en mis ojos dibujando tus recuerdos en mis pupilas, déjame que evoque tus caricias sobre el césped verde esperanzador de tus abrazos acechadores de mis demonios; déjame además que escriba sobre tu historia que las reinicie una y otra vez, quiero hacer libros de distintos colores que se asemejen poco a poco a tus dogmas que emergen de tus manos haciendo vibrar dulcemente mis palabras en tus oídos, déjame escribir con hilos de terciopelo sobre tu plateado velo que esconde tus virtudes detrás de tu sonrisa. Deja que publique ante tus ojos tu biografía no autorizada por esta mano enamorada que alguna vez delicadamente te dibujo en la superficie áspera de mi corazón, voy a utilizar flores de colores para pintar tus virtudes de niña risueña, con retazos de aurora iluminaré la parte más oscuras de tus cabellos, trazaré la parte más lúcida de tu seriedad con millones de perseidas; déjame escribir con estrellas tu propia constelación para contemplarte cada vez que me encuentro solo en alta mar, déjame representar con las olas tus momentos culturales de histeria y con el ocaso el regreso soñoliento de tu ternura; con tu aroma tallare un lápiz de el roble del olvido para escribir besos en la orilla para que la marea se los lleve hasta ti. Y yo no aprendo, ni recuerdo haber tomado clases para poder hacerte feliz, no sé si algún profesor no me quiso en su clase señalándote como mi distracción en los días de examen que clandestinamente te escribía en las últimas hojas de mis cuadernos, era difícil escabullir algún escrito hace algún tiempo hasta que las conspiraciones de este mundo atrajeron tu presencia sintiéndome usado por ese negado destino que aborrecía hasta que te conocí. Solía escribirte en aquellos días… Y ahora aún te pienso. Dame licencia para escribirte por las noches alumbrado por una vela intentado esquivar el cansancio y el desdén; sumergiéndome en los más minuciosos de todos los detalles que guardo sobre ti, deja que te describa con la yema de mis dedos en esta tierra que me sostiene, que me alimenta… Que te mantiene junto mí. Déjame que cuente los detalles de tu manera de escribir todo el tiempo que me diste que no supe percibir encerrado en este mundo en una cárcel de temor, era dulces los amaneceres cuando empezaban con tu voz; déjame que escriba tu nombre al lado de la carretera con piedras grises que brillen con el sol, tallar tu nombre en una roca, esparcir tus facciones en aquella duna resultado de las insinuaciones del viento; deja que mis manos cansadas intenten una vez más esconderte entre mi prosa para protegerte de la maldad, la penumbra inerte no te podrá alcanzar por que también escribiré de lo reluciente que se ve la casa desde que tu estas. Yo insisto soñoliento pues me siento exhausto de tanto alucinar que un día volverás con un te quiero que me hará tropezar… Otra vez insisto enamorado que te quiero contemplar cuando no estés en esta hoja que se gasta en cada línea suplicante, en cada lágrima de alegría, con tus caricias, los detalles de tus cabellos, tus nuevos jeans apretados y esos bolsillos gastados en que guardas el lápiz con el que te hice un poema que detesto tanto que me hace llorar. Déjame que escriba los detalles de un mapa antes de que puedas marchar, para que no te pierdas en el intento cuando quieras regresar… Me miras, pero tu silencio incólume limita tus sentimientos, suspiras de pronto, tomas mi mano me haces dibujar, yo te pido una vez más que me dejes escribir de tus ojos, me sonríes, me abrazas… Ya no puedo escapar; me dices: Ya vendrán nuevos días como este, recuerda que te enseñé a abrazar… Susurras en mi oído dulcemente escribe que yo te dicto… No me vallas a olvidar.

sábado, 6 de febrero de 2010

Emogirl

Aquellas horas eran parte de Febrero, aquellos minutos eran consumidos por una tarde tibia de verano, aquellos segundos fueron signos de encontrarte sin buscarte; pasaste por mi lado sin darme cuenta para luego verte en el mismo salón; ambos estudiábamos psicología.
Tenía trabajo part-time de cajero en un banco importante, tenía reglas en cuento a las mujeres, tenía coherencia y razonabilidad en mis palabras, y tenía estabilidad emocional entorno a mi ego además de encuentros ocasionales con una nada despreciable amiga cariñosa. En la segunda semana ella venia tan radiante casi como la primera: jeans de boca angosta tipo pitillo, correa con puntas de metal, polo negro, ojos delineados con sombra roja o lila, capucha oscura, medias a rayas, mitones a rayas, zapatillas All Star o Converse, piercing en la ceja izquierda y en el labio inferior izquierdo, blusas que combinaba con corbatas de colores y esos cabellos castaños que caían en sus hombros que luego del segundo ciclo conseguí acariciar… Como olvidar el desaire en el intento de la primera cita… Nunca llegaste, te fuiste a ver una banda de emo-punk que llegaba del extranjero, concierto al que yo hubiera ido a buscarte si me hubieras invitado a ir; pero no, al chico de traje y corbata no podría gustarle ese clase de música además aquella noche te esperé por más de 1 hora en la esquina de aquel café en que me lloraste una vez para que no te abandonara después de 8 meses de estar juntos… Nunca olvidaré los golpes en mi pecho tratando de hacerme entender que eras lo mejor que la vida me podría conceder pues mi inteligencia de tercio superior no lo podía entender y tus calificaciones de quinto superior me aceptaba tan soberbio aunque a veces olvidaba llamarte por las mañanas pero justificaba las noches con un sms deseándote un pacífico descanso en aquella “sombría litera” como tu la llamabas.
No te importaban mis posiciones políticas, ni mis conversaciones de literatura, mucho menos tomabas atención cuando mi carpeta se convertía en un harem de bellas estudiantes ansiosas por mis comentarios sobre Freud, te limitabas a maximizar el volumen de tu iphon recostada en el balcón observando el campus mirando de reojo las estrellas y de vez en cuando a mi, me esperabas tan paciente que hasta lo creía fingido y yo besabas esos ojos escondidos con esa capucha oscura que me hacía soñar contigo cada vez que te despedías. Esa noche en mi habitación fingimos estar estudiando pero te quedaste dormida en mi pecho, confieso que no pude conciliar el sueño al verte tan vulnerable aferrándote a mi; te creía inocente hasta aquella tarde en el baño de mujeres cuando fingiste el dolor de cabeza.
Dibujaba con mis dedos en tu cintura un segundo tatuaje de colores, te cosía alas de chalís en tu espalda, te esperaba en un carruaje motorizado a la salida de la facultad, te escribía poemas dulces que negabas que leyeras… Por temor a subestimarte me quedaba en silencio después de amarte; bendecía el día siguiente después de conocerte, oraba por las noches en tu nombre, me probaba tus corbatas tratando de entenderte, maldecía la psicología con que trataba de analizarte… Pero a ti no te importaba nada, tan solo como te amaba. Te encerrabas en una oscuridad que acumulaba tu ternura y hacías que explote por completo cuando me veías llegar.
Cuando volvimos a esa esquina por una cita más ya era casi fin de ciclo y entre copas me lloraste una vez más, me abrazaste tan distante intentando alucinar que podía salvarte sin caer en tu mirar…
Hoy que empiezo a preguntarme por que no fuí a ese último concierto, intento no lamentarme de hacerles caso a mis padres y aceptar ese viaje, Hoy que acaricio mi skeatboard, hoy que perdí mi trabajo intento no derrumbarme recordando que decías… “No llores más que aquí estoy yo y vengo a salvarte”