domingo, 4 de octubre de 2009

Retazos

Ella se levanta muy temprano, se queja dulcemente, es un nuevo día y tiene que prepararse para ir a trabajar siente las cobijas como hechas de pétalos de rosas, no las quiere abandonar, se toma el cabello corriéndoselo para atrás, junta sus manos e intenta rozar sus mejillas para asegurarse que aún conserva sus tiernas facciones, mientras los rayos de sol se rinden a sus pies, camina tambaleándose tratando de reponerse en cada paso que da, ¿no los cuentas verdad?; casi no le haces caso a las noticias en la radio o la música en la tv. (esto si es confuso) junta sus manos frente al espejo y provoca una lluvia ante su rostro y ya se siente parte del mundo, ya es una habitante más, se mira otra vez al espejo y se sonríe; cierra los ojos, ella quiere imaginar que es una laguna donde se sumerge, donde hay paz, donde el agua no sé complica y se deja llevar por los movimientos de su cuerpo pero todo termina al tocar la toalla, vuelve a su lecho pero esta vez con pasos firmes, la ropa ya esta lista, se viste con premura, vuelve al espejo encantado y le pregunta si él la piensa, no le preguntes, él ya te dijo que sí; se maquilla los labios, los ojos, un poco de polvo ,un poco de rubor, un poco de esto otro poco de lo otro, se siente más bella... Ella no se da cuenta que al despertar también lo era.Ella se despierta muy temprano y aunque todo se escribirá casi igual, la transición de su sonrisa a su seriedad nunca le va a dejar hacer suspirar.
Él se despierta por el correr de las persianas y se cubre el rostro con sus manos cansadas de hacer círculos sobre los clasificados, ahora se rasura cada vez que lo van a entrevistar. Aerosmith en su sweater lo induce a deslizarse soñoliento en la cocina a preparar las promesas que le hizo en la época que eran solo amigos, prepara la mesa con cariño, huevos revueltos o lo que a ella le pida el día anterior. La mira con ternura cuando su silueta se pierde en el cerrar de la puerta, suspira profundamente originando una soledad física que le hará compañía por todo el día. Sostiene una taza de café mientras enciende su lap top, da un sorbo a ese café que le hace recordar sus días académicos; navega en las páginas de empleos, el diario de deportes, páginas web con temas políticos y termina leyendo a su columnista preferido aunque a veces esté en desacuerdo con él. Desde su último trabajo hasta estos días está desarrollando un instinto matronal, lo pulcro de aquella alcoba es honrado por sus manos aburridas de tanto buscar. A veces siente nostalgia de su vida profesional acurrucándose en su prosa que se posa en las pupilas que brillan tanto como cuando ella se va… Está exhausto de recordar su buen manejo cuando era funcionario estatal, no recuerda como es que dejó de serlo, es que no tuvo el carnet de moda o una identificación del partido de gobierno. Lleva horas lúcido desde que despertó; ha conspirado con los ingredientes la romántica bienvenida nocturna para su beldad, el almuerzo de hoy es espaguetti, que se sirve con un desgano parecido al aliento de un hombre en la orilla; y continua revisando posibles empleos en la red, de cuando en cuando le da un sorbo a ese café matutino. Sus días de noviazgo interceden para con sus esperanza de continuar luchando para cumplir sus promesas, a veces rompen la rutina cuando un poco se dejan de pensar por el trajín de una ciudad que los envuelve sin hacerles daño. Renuevan sus votos en cada caricia por la mañana intentando olvidar que se tienen que separar no tanto, solo un poco. Ellos se despiertan muy temprano, él se queja en su regazo y ella ama que le toque la guitarra cuando llega a casa, aunque él esté desempleado.
"Que nadie me apague la luz para poder ver sus ojos, que nadie me apague la luz para poder ver la luz de su luz...".