sábado, 12 de septiembre de 2009

De la Salida de Brooks

Había dado el primer paso hacia su libertad y no sabía que hacer, pensó hubiera cercenado aquel cuello temeroso, tal vez la libertad era muy vieja para él o él era muy viejo para ser libre; sus años tras una sombra forzada no era garantía para una vida mejor, casi sosegado, altivo, hasta con un orgullo inventado, con el alma hecha harapos, con la conciencia gris se detuvo frente a la prisión, la miraba con decencia, casi con veneración le hizo un gesto de reverencia con lo poco de honor remendado con las ideas ilusas de un pasado que ya se le escapo, con cariño como si dejara su casa para algún placentero viaje con boleto de vuelta que gustoso habría recibido, pero no, era la vieja y asquerosa penitenciaría, nido de ladrones, embusteros, malhechores, malvados que robaron y asesinaron personas por media moneda dijeron sus acusadores frente algún maldito juez que dizque les invento argumentos para encerrarlos en aquel aberrante lugar, era una vieja y asquerosa prisión olvidada por los más sacros sentimientos, relegada por Dios y bendecida por la bondad inconsciente de los quejumbrosos contribuyentes. Un roce de melancolía llegó a su corazón hubiera querido recoger recuerdos, sus llantos, las malditas noches de insomnio, sus esporádicas y soñolientas sonrisas, hasta los barrotes que cobijaron inocentemente su cuerpo, pero él sabe que nada de eso conocerá el aroma a libertad, todo se queda aquí había escuchado decir a alguna voz que se perdió entre lo sombrío del lugar que hasta el aliento se quedaba impregno en las malolientes paredes, que pulcro suspiro buscaría como origen aquellos labios magullados y sucios para luego perderse entre las fosas nasales de aquellas almas marchitas, en que desdichado, en que habitante de esa ciudad de desterrados de la honestidad, de esos que un día olvidaron que existen lugares como este; pero a él que diablos le importaba ya era libre llevaba unos minutos siéndolo y ya lo aborrecía, ni siquiera había dado pasos completos y ya casi se convencía de que detrás estaba dejando su hogar, cincuenta años se dijo eran muy pocos para querer aquel tétrico, insipiente pestilente, pestilente otra vez y lúgubre lugar de almas perdidas, pero eso era menos que suficiente para él.
Le hicieron vestir con un traje de color oscuro, una corbata remachada con desgano, una camisa amarillenta que alguna vez fue blanca, calcetines nuevos, eso si que era digno de un recién salido se dijo, si calcetines nuevos; solo le faltaba que le dieran una caja mortuoria para declararse por fin un muerto en vida, todo esto pagado con los impuestos de los inconscientes contribuyentes, zapatos no nuevos pero si muy brillantes, llevaba sus cosas en una vieja valija hecha hace algunos años en sus clases de manualidades, todo pagado por la ramera estatal volvió a blasfemar, tal vez existían dos mundos distintos, tal vez los cercos eléctricos dividían dos mundos paralelos casi irreconocibles para él hasta hoy, la de los condenados y los por condenar; pero para el viejo él eso ya casi no le importaba, pues lo que le dieron al salir era lo mejor que hubiera podido conseguir por cuenta propia, sus zapatos le dieron la impresión de verse en ellos, aparentaban ser de algún banquero importante, casi por un momento se sintió distinguido, sensación que se llevo el polvo al rato, el brillo de sus zapatos fue parte del pasado también, él no se lamentó.
Era libre ahora pero no se sentía así, sus mejores años aún se quedaban encerrados pagando una condena impuesta por su juventud, vejados por la inicua justicia, equitativa a veces, arbitraria otras muchas veces más, conducida al antojo de jueces sin alma ni corazón; "soy tan hombres como ellos" se dijo algunas vez, tantas veces apeló al juicio final, aquel juicio que seguro le pondrá en la misma líneas de aquellos que lo condenaron y de aquel que asesinó, Dios ni su misericordia tenían espacio en aquel cuarto oscuro donde yació muchas veces acurrucado como un feto, olvidado como indigente o como las peores de las bestias como si hubiera sido echado al mismo infierno, no había nada más que decir, aunque esos cincuenta años vagaron por su mente, vejaciones, maltratos, penumbras, penas, hostilidad y esporádicas sonrisas, ya casi no importaba se dijo recordando que también conoció la amistad…Que era libre y que ya lo aborrecía, una vez más pensó en el cuello del convicto; la nostalgia lo embargó, caminó lentamente pululando contra su libertad…

martes, 1 de septiembre de 2009

Cásate conmigo una vez más

Llegaste casa sin avisar, regañándome dulcemente dices: ¿no deberías de estar en el trabajo?, yo sonrío despreocupado lamentando que me sorprendiste preparando la mesa, justifico mi presencia con una copa de vino para que tu mirada de reojo me pregunte por los niños, ¿nunca dejas de ser madre verdad?, ellos cenaron temprano tomaron la leche y los acosté, ahora están durmiendo. Salí del trabajo muy temprano por que la reunión terminó antes de lo previsto y preparé una cena para los dos. Mientras en cada paso hacia la mesa sentía que la luz de las velas fingían ser un poco ti; estás tan hermosa como la primera vez que te vi, tu piel sigue tan suave con hace algunos años, por fin te veo sonreír, vienen conmigo todos estos días junto a ti la razón de esta casa, el origen de los niños.
Te invito a la mesa mientras tus movimientos se hacen cada vez más misteriosos, tu sonrisa aislada ya desapareció pero tu seriedad me enamorada un poco más, opacando el buen gusto de mi corbata que hace alarde de una vida feliz a tu lado, te acomodo en la silla, tú solo me sigues con la mirada, de noto tu cansancio producto del trabajo llevándome un poco en el pecho acariciando tus mejillas y aún no dices nada que hasta pienso que estas sorprendida… Ya con la mesa hecha te pregunto por tu día, bebes un sorbo de vino yo también lo hago, y otra vez te veo sonreír, disfrutas de mi cocina y yo disfruto de ti, que hasta pienso que casi te convenzo de quedarte junto a mi una vida más, dices que te fue bien, que lamentas no poder estar en casa por más tiempo, es así como es nuestra vida trato de consolarte, pero no es tan grave cuando en casa te espera la cena hecha, (sonríes otra vez), yo solo te miro, mientras en mi mente se aleja del presente hasta verte en los pasillos académicos, con tu linda sonrisa que se asemeja a una tarde tibia de verano, con tu divertida seriedad…
Tus alegrías cada vez son más frecuentes desde entonces me dices, y yo casi afectado por el vino te pido que te cases solo por última vez conmigo, te tomo de la mano y caminamos juntos alejándome de una gran cena de gala casera, el silencio de la noche, la luz de las velas, el romance en el viento; y el amor en tus mejillas, trato de remendar mis pensamientos para no fingir ser el de antes. Nuestras manos se entrelazaron algunas veces; los domingos de visita a nuestros padres cada vez se hacen más intensos con sus consejos para sostener la alegría de tu corazón, para mantener el regocijo mutuo en cada amanecer luego de abrir los ojos a tu lado para contemplarte lentamente en el abrir de las persianas, aún continuas soñando gracias a mi desavenencia por no hacerte infeliz, los viernes siguen siendo el no olvidar de nuestro primer día, solo me miras, me acaricias, me dices lo siento debí llegar temprano, me abrazas; tus ojos me ofrecen un lugar alejado de la penumbra donde ponerme a descansar imposible rechazarlo, nunca lo haría, me cobijo en tus ojos y reposo; me dejo llevar como antes lo hice, solo una vez más me dices me haría muy feliz y lo hago, acaricio tu rostro mientras tus brazos atrapan mi ser; esta noche, ayer por la tarde, al despertar al verte sentía como si no lo hubiera hecho durante muchos años. La luz se posa en cada detalle de gesto tuyo, recuerdo también que paseabas por los pasillos con tu engreída cartera buscando mi atención, hago remembranza de tu caminar pausado hacia un sueño que yace en un retrato en esta sala decorada a tu gusto, estás a mi lado y es como la primera vez cada vez que los niños despiertan, despiertan con ellos nuestro amor, tus mejillas reflejan luces de estrella. Quédate aquí quieta, déjame ir a la puerta para fingir mi llegada y correr a tu encuentro, abrazo tu vestido de color noche y tu miras mi corbata de manera insinuante, me preguntas como hago para mirarte con ese brillo en los ojos, yo te respondo: cada vez que lo hago me redimes con los tuyos; tomo tus manos y te beso para siempre. Alguien nos bendice, sabemos que mañana es otro día más, te amaré igual, con mis sueños que giran lejos de ti, que me hacen pensar, quizá te pida matrimonio luego de vagar en New York, perderme en Madrid y de mi naugrafio en Venezia…Estoy afectado por el vino, muy afectado por que me enseñaste a amar.


Somos Novios (Sound Track de la entrada)